Irlanda le dio al mundo la stout seca, y con ella una de las siluetas más reconocibles que existen: cuerpo negro, corona cremosa de color hueso y un amargor de cebada tostada que no se parece a ningún otro. Nada en la cerveza irlandesa es casual; todo está pensado para beberse en compañía y sin prisa.
Guinness lleva elaborando en St. James's Gate, Dublín, desde 1759 —Arthur Guinness firmó el alquiler del terreno por nueve mil años—. Y Smithwick's, de Kilkenny, es la cervecería más antigua de Irlanda: su red ale es el otro gran aporte irlandés al catálogo mundial.
Si nunca te ha convencido una cerveza negra, prueba una stout irlandesa: pesa mucho menos de lo que sugiere su color.
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