Todo lo que hoy entendemos por cerveza artesanal empezó aquí. A finales de los setenta Estados Unidos tenía menos de cincuenta cervecerías; hoy pasa de nueve mil. En el camino reinventaron el lúpulo —cítrico, resinoso, tropical— y convencieron al mundo de que una cerveza podía ser tan intensa como quisiera su cervecero.
El punto de partida es Sierra Nevada: su Pale Ale de 1980 definió el estilo americano y sigue siendo la referencia. De la escuela californiana trabajamos también Stone, con su amargor sin concesiones, AleSmith y Coronado desde San Diego, Belching Beaver y Humble Sea, especialista en turbias.
Fuera de California, North Coast y Oskar Blues —la que demostró que la lata no era enemiga de la calidad—, Rogue desde Oregón, Lagunitas, Evil Twin y Samuel Adams, que en Boston abrió el camino cuando casi nadie creía en esto.
Es el mejor país para explorar el lúpulo: prueba una IPA, sube a una Double IPA o cambia de tercio con una Imperial Stout.
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