Desde 1516, cuando la Ley de Pureza fijó que la cerveza solo podía llevar agua, malta, lúpulo y levadura, Alemania ha convertido esa restricción en un ejercicio de precisión. Nuestra selección arranca en Múnich, y arranca completa: trabajamos las seis únicas cerveceras autorizadas a servir en el Oktoberfest — Paulaner, Augustiner, Hofbräu, Hacker-Pschorr, Spaten y Löwenbräu.
En cerveza de trigo están las grandes: Weihenstephan, que elabora desde 1040 y se reclama la cervecería en activo más antigua del mundo; Erdinger, la mayor productora del planeta; y Schneider Weisse, primera casa burguesa que consiguió elaborarla cuando era privilegio de la corona bávara.
Fuera de Baviera cambia el paisaje. Flensburger sigue embotellando con tapón mecánico su Pilsener del norte; Köstritzer lleva desde el siglo XVI con su Schwarzbier, esa lager negra que pesa mucho menos de lo que promete su color; y en Bamberga, Schlenkerla maltea sobre fuego de haya y produce una Rauchbier que no se parece a nada. Ayinger, desde un pueblo de mil habitantes, firma algunas de las Doppelbock más premiadas de Europa.
En Bayreuth, la familia Maisel sostiene las dos caras del oficio alemán: la clásica Maisel's Weisse, cerveza de trigo con segunda maduración en botella desde 1955, y la experimental Maisel & Friends, donde la misma casa se sale del guion con Bock de alta graduación, IPA y Stout.
Tienes las 34 cerveceras alemanas de nuestro catálogo en el directorio de marcas, y si dudas entre una Dunkel y una Schwarzbier, lo explicamos en la guía de estilos.
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