La cerveza eslovaca es la gran desconocida de Centroeuropa. Eslovaquia compartió país con la República Checa durante buena parte del siglo XX y comparte también su escuela: lagers de malta pálida, lúpulo noble y maduraciones largas en frío. Como en Bohemia, las etiquetas indican los grados —10°, 12°, 16°—, una medida de la densidad del mosto que anticipa cuánto cuerpo y cuánta fuerza tendrá la cerveza.
Nuestras cervezas de Eslovaquia vienen de Urpiner, la cervecería de Banská Bystrica, una ciudad que elabora cerveza desde al menos 1501. Su gama recorre justo esa escala de grados: de la pilsner de 12° a la dunkel de 11° y la fuerte Exclusive de 16°.
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