En un país obsesionado con el vino, la cerveza italiana ha encontrado su hueco haciendo exactamente lo que el vino hace bien: acompañar la mesa. Son lagers de perfil limpio, amargor moderado y final seco, diseñadas para no tapar la comida sino para ordenarla.
Trabajamos las dos grandes clásicas —Peroni, que elabora en Roma desde mediados del siglo XIX, y Moretti, nacida en Udine en 1859— y Theresianer, de Trieste, que recupera la tradición cervecera del norte con un enfoque más artesanal.
Pruébalas como allí: muy frías, en vaso pequeño, con pizza o con fritura. Si quieres subir un escalón de intensidad, sigue por una premium lager.
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