Francia es tierra de vino, pero el noreste nunca dejó de ser cervecero. Alsacia y el Norte llevan siglos elaborando, y de allí salen tanto las bières de garde campesinas como las lagers que hoy se beben en todo el mundo.
La casa que mejor representa esa herencia es Kronenbourg, fundada por Jérôme Hatt en Estrasburgo en 1664 —de ahí el nombre de su cerveza más conocida—. Además de su lager clásica, su línea Blanc es una lectura francesa de la witbier belga, con cáscara de cítrico y cilantro, servida en botella azul.
Es un origen pequeño en nuestro catálogo pero muy agradecido: si te gustan las cervezas de trigo suaves y cítricas, o simplemente una lager bien hecha, empieza por aquí.
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