Suecia llegó tarde a la revolución artesanal —el estado tuvo el monopolio del alcohol durante buena parte del siglo XX— y quizá por eso llegó sin complejos. La escena sueca actual es de las más experimentales de Europa: fruta a raudales, postres líquidos y acidez bien calculada.
La representa Brewski, cervecería de Helsingborg conocida por llevar las cervezas frutales y las sours al terreno de la repostería, con resultados tan poco ortodoxos como adictivos.
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